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Causa Diaz Bessone
Resumen Audiencia 7 de Febrero de 2011

Por Daniel Aristizabal (Indymedia), Lunes 7 de Febrero de 2011

   

La Audiencia

En el día de hoy –Lunes 7 de febrero- se reinició el juicio de la denominada causa Diaz Bessone en los Tribunales Federales de Rosario, declarando durante esta jornada tres testigos.

La primera en hacerlo fue Ester Cristina Bernal, quien relató que fue secuestrada el 17 de agosto de 1977 por un grupo de personas que no pudo identificar y trasladada al Servicio de Informaciones. Atada, vendada y con un trapo en la boca fue torturada con picana eléctrica, lo que le provocó una grave infección en la zona vaginal. La testigo relató que fue torturada durante 8 horas seguidas y que hicieron que su hija, de tres años y medio de edad, presenciara la tortura. “No puedo explicar al tribunal la incertidumbre, la desesperación que se siente cuando te arrancan a tu hijo de los brazos” dijo al recordar que la niña le fue quitada al ingresar a la sala de torturas.

Bernal agregó que su compromiso con la militancia peronista desde su infancia por influencia de su familia y luego por propias convicciones.

Ante las preguntas realizadas por el Fiscal de la causa, Dr. Gonzalo Stara, sobre la fisonomía de los torturadores, señaló en la sala de audiencias a Mario Alfredo Marcote, a quien mencionó como “El Cura”, a la vez que el defensor del mismo intentaba objetar la pregunta.

También la testigo relató con mucho valor los padecimientos sufridos y exigió justicia a los jueces para poder creer. “Se discute si corresponde imputar a un niño de 14 años por cometer delitos y estos señores andan sueltos y caminan por las calles junto a nosotros” dijo. Y luego agregó “mi hija hace solo dos días pudo contarme lo que presenció y vivió hace 33 años”. “33 años esperé justicia, 33 como Evita, como Jesús y como el Che. Ellos hacían justicia, yo la esperé por el mismo tiempo”.


Le tiró un vaso de agua

Al finalizar su testimonio y antes de retirarse de la sala de audiencias, Bernal miró fijamente a Marcote y le pidió que tenga el valor de mirarla a la cara, mientras este seguía con su vista fijo al piso, fue en ese momento que la testigo tomó un vaso con agua que estaba junto a la mesa de los abogados defensores y lo arrojó sobre la cara de Marcote. Ante esto, la presidencia del tribunal ordenó el desalojo de la testigo por personal de gendarmería. El público se alzó para aplaudirla y también fue desalojado de la sala, prohibiéndose el ingreso de varios de los asistentes que manifestaron su apoyo a la testigo por el resto de la jornada.

En segundo lugar declaró Graciela Borda Osella. “Primero les voy a relatar mi relación con el comandante Feced, que era primo hermano de mi padre y se odiaban”, inició diciendo.

Evidenciando su gran solidaridad, dijo “Tenía 3 amigos, Mercedes Sanfilippo, el Dr. Franccesio y José Luis Acosta. Trabajabamos juntos desde el 71 en el Hospital de Niños, en un momento pensé que podían tener relación con Montoneros, pero no hablamos nunca de la situación. Una vez Mercedes Sanfilippo me dice que el Dr. Francesio era perseguido y corría riesgos y le dije que viniera para mi casa, no por relación política sino porque eran como mis hermanos, iba a intentar defenderlos”.

Borda Osella permaneció seis días en el Servicio de Irformaciones, donde fue interrogada por su propio tío, Agustín Feced. Menciona también entre sus captores y torturadores a Picha, Pirincha, El Cura y el Ciego.

Dijo “Un día me sacan, me sacan fotos y luego me llevan a la alcaidía donde me encontré con mi marido. Salimos de ahí a la noche,eran las 12 más o menos, caminando con mi marido por calle San Lorenzo. Antes de salir se me acercó un hombre, dijo que era cura, me dijo que todo había sido un error, que no contara nada para no tener más problemas. Yo quería saber quien era, porque yo no había visto a nadie. Yo le dije que él había sido muy amable conmigo, que quería verlo. Entonces me bajó la venda. Era el Cura Zitelli, y si no era él, era alguien indéntico. Salimos con miedo, porque sabiamos que mataban gente diciendo que era una fuga”.

Finalmente, manifestó que al salir se acercó a la APDH, a mediados del año 78. “Yo nunca había sido subversiva, ellos me volvieron subversiva. Salía a la calle con los carteles de los desaparecidos por calle Córdoba. Eso hasta que volvió la democracia. Ahí con todas las denuncias que había hecho pensé que era suficiente, yo me dediqué después a reconstruir todo lo que habíamos perdido”.

Finalmente declaró Carlos Fernández Bruera, quien narró los terribles hechos sufridos por su familia. “Una de las siuaciones más terribles de esa noche era la sensación de cuando me dicen que me iban a vaciar el cargador del FAL en el lomo. Como cuando lo golpean a mi padre, yo era un chico de 16 años y sabía que podían hacerlo y que nada les iba a pasar”, dijo.

Terminó su relato diciendo “Mi padre estuvo 40 días. No hubo una causa contra mi papá. Mas que ser el padre de alguien.Lo quisieron tener para que se entregue mi hermano, para que la persona que ellos por su propia incapacidad operativa, perdieron, se entregue. Nosotros sabíamos que si mi hermano se entregaba su destino era la muerte, no existia ni una garantía. Mi padre era el rehén de ellos por eso. Lo mejor que pudo pasar es que mi hermano pudiera irse. Mi papá salió. Los bienes perdidos son cosas materiales. Tal vez las cosas cambiaron, no fue más lo mismo. Pero gracias a las circunstancias o al destino, todos seguimos vivos después de eso.”

 

 

 

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