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Revelan que los antioxidantes producen efectos contraindicados
Por Gonzalo Casino, de El País de Madrid, desde Barcelona para Página/12. Abril de 2007


Un estudio publicado en Journal of the American Medical Association revela que el betacaroteno y las vitaminas A y E están vinculados con aumentos de entre el 7 y el 16 por ciento de la mortalidad.
El estudio se apoyó en 68 ensayos clínicos que trabajaron sobre 232.606 participantes.


La promesa de salud y longevidad creada en las últimas décadas por los suplementos antioxidantes se ha desvanecido. Si se guiaran por las pruebas científicas y no por los cantos de sirena de la publicidad, los muchos millones de personas que toman estos complementos dietéticos en Europa y Estados Unidos (10 al 20 por ciento de la población) para prevenir el cáncer y otras enfermedades crónicas deberían dejar de hacerlo.

Ya se sospechaba que tomar vitamina A, vitamina E, betacaroteno y otros antioxidantes, juntos o por separado, no tenía ningún efecto positivo apreciable sobre la salud, pero al menos se presumía que no era perjudicial. Ahora se ha comprobado, mediante el tipo de estudio que ofrece más garantías científicas, que las píldoras antioxidantes no sólo son un gasto inútil, sino que además pueden acortar la vida.

El gran negocio de los suplementos vitamínicos impulsó infinidad de estudios sobre sus posibles efectos beneficiosos en el envejecimiento, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, el Alzheimer y otras muchas dolencias crónicas. Se han hecho investigaciones buenas, regulares y malas, y sus conclusiones fueron lo bastante discordantes como para no saber a ciencia cierta si los antioxidantes eran beneficiosos o nocivos para la salud. Obviamente, la publicidad se quedaba reiteradamente con los resultados positivos.

“Las pruebas para demostrar la presencia o la ausencia de beneficios por el uso de multivitaminas y suplementos minerales para prevenir el cáncer y las enfermedades crónicas son insuficientes”, dictaminaba en 2006 una revisión de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. La herramienta científica que ahora demuestra que los antioxidantes no son inocuos se denomina “revisión sistemática con metaanálisis”, esto es, un análisis estadístico global de los ensayos clínicos que han estudiado los efectos sobre la salud de los principales antioxidantes: betacaroteno, vitaminas A, E y C y selenio. Y su veredicto, apoyado en 68 ensayos clínicos con 232.606 participantes, cuestiona la eficacia preventiva y la seguridad de estos suplementos.

“Nuestros resultados van más allá de las revisiones y guías anteriores, sugiriendo que los suplementos antioxidantes podrían no ser beneficiosos’, explica el autor principal del trabajo, Goran Bjelakovic, de la Facultad de Medicina de Nis, en Serbia. Los resultados de este estudio, publicado el 27 de febrero en el Journal of the American Medical Association, muestran que el betacaroteno y las vitaminas A y E se asocian con incrementos de la mortalidad del 7, 16 y 4 por ciento respectivamente, mientras que la vitamina C y el selenio no parecen elevar el riesgo de muerte (el selenio podría disminuirlo, aunque no es seguro y hacen falta nuevos estudios para esclarecerlo, sostienen los autores del trabajo).

¿Por qué alguien habría de fiarse de este estudio más que de los anteriores? ¿Cómo saber que lo que hoy es blanco mañana no será negro? “Los datos actuales son mucho más fiables que los que teníamos hasta ahora porque provienen de una revisión sistemática de estudios aleatorizados y porque son consistentes con revisiones previas –asegura el médico de familia Pablo Coello, investigador vinculado al Centro Cochrane Iberoamericano y ajeno al estudio del JAMA–. En principio, la confianza en estos resultados es alta y es poco probable que estudios posteriores modifiquen el efecto observado.”

¿Debe desaconsejarse el consumo de suplementos antioxidantes? “Está claro que no parece adecuado recomendar estos suplementos para la prevención de enfermedades –responde Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria–. Lo que hay que hacer es tomar una dieta rica en frutas y verduras, porque sólo los alimentos naturales contienen la justa proporción de estos nutrientes y además está comprobado su efecto beneficioso”.

Coello opina que hay que desaconsejar el consumo de estos suplementos porque “no tienen un efecto beneficioso y en cambio hay datos muy sugerentes de que pueden ser perjudiciales. En la población occidental, sin carencias vitamínicas y minerales, el consejo debe incidir sobre los estilos de vida: tomar una dieta equilibrada, evitar el sobrepeso, hacer ejercicio y no fumar”.

La elevación del 5 por ciento del riesgo de muerte por el consumo de antioxidantes que ha puesto de relieve el estudio del equipo de Bjelakovic podría ser incluso conservadora, pues tal vez haya muchos estudios no publicados –y, por tanto, no incluidos en el metaanálisis– que probablemente sean neutrales o negativos.

Ajenos a este riesgo y a la falta de pruebas, muchas personas toman antioxidantes para mejorar su salud y prevenir el cáncer. Como recuerda Bjelakovic, “estamos expuestos a una intensa mercadotecnia con un mensaje contradictorio”. Pero la situación, a juicio de Coello, se debe no sólo a la presión publicitaria, sino que es también “responsabilidad de los médicos mal informados y de las autoridades sanitarias, por no alertar de este incierto beneficio y de esta publicidad engañosa”.

 

 

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