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Seguridad
Rosario, Septiembre de 2004
Publicado en Revista La Bodeguita del Medio

En la sociedad dividida en clases, seguridad o inseguridad no tiene el mismo significado para todos sus miembros.

La trampa ideológica y política- asimilada por grandes sectores a través de los multimedios, que están dirigidos por la clases dominantes- consiste en vincular y/o limitar el problema de la seguridad, a la delincuencia, pero a la vez dejando de lado que existen dos formas o tipos de delincuencia:

- la que ejercen los poderosos sobre millones de seres humanos a los que hundieron en la pobreza, propia de un sistema injusto, mentiroso y corrupto (y ésta es muy peligrosa, porque nos quiere robar el pasado, el presente y el futuro)

- y otra, propia de la desesperación en la que caen personas que han perdido la valoración de sus potencialidades, en una sociedad que los excluye.

Por eso, el discurso que pide “más represión”, arrastra a no pocos trabajadores y habitantes de las barriadas populares, víctimas reales de ambas delincuencias, que no pueden comprender las causas políticas, económicas, sociales y culturales, y reacciona frente a las consecuencias, lo más visible que lo afecta (la anciana muerta en un robo es terrible y repudiable, pero que hacemos con los responsables del Pami???? – El niño muerto en una balacera en cruce de bandas en tremendo, pero que hacemos con los que permiten 55 chicos muertos por razones evitables por día???)

Es terrible constatar que aquéllos que destruyeron a través de la corrupción, el robo liso y llano y las políticas entreguistas, años de esfuerzos de millones de seres humanos en la construcción de un país que los contuviera, sean los señores, la “gente decente y educada”, impunes e intocables, mientras el campo popular que denuncia sus tropelías debe demostrar constantemente su inocencia frente al avance de las fuerzas represivas.

Es importante que no hagamos propias las palabras y el discurso de los verdugos del pueblo, y tratemos de debatir fraternalmente, haciendo comprender que lo peligroso y violento no es la pobreza, sino la injusta distribución de la riqueza.

Nuestro concepto de seguridad es el de seguridad social: resolución de los derechos humanos básicos para una vida digna, trabajo sin explotación o flexibilización, vivienda, salud, educación y jubilación decente son indispensables, protección de la niñez y la juventud se hace imprescindible.

Y luchamos cada día para lograr esto, y por verdad y justicia, porque conocemos desde hace muchos años a los más feroces delincuentes: los asesinos, secuestradores, torturadores, violadores y desaparecedores, ladrones de niños, que desde la última dictadura militar permanecen impunes del delito de genocidio, gracias a sus cómplices intelectuales, políticos, judiciales y económicos, siempre dispuestos a volver como lo vimos en diciembre del 2001 o en el Puente Pueyrredón.

Resistimos y nos organizamos junto a miles, cada día, contra los delincuentes:

* del aparato represivo ( político/institucional/policial/militar/judicial) que criminaliza la pobreza y judicializa la protesta 

* que cierran las fábricas, escuelas, hospitales

* que nos impusieron el pago de la ilegítima e impagable deuda externa (cada dólar pagado es un plato de comida que se quita a un niño)

* que votaron leyes compradas contra los trabajadores y el pueblo

* que robaron los dineros de todos produciendo catástrofes como la de Santa Fe

* que privatizaron y enajenaron nuestro suelo, aire, agua.

* que roban las tierras de nuestros hermanos de los pueblos originarios

* que matan a nuestros hijos con el gatillo fácil mientras manejan la droga, la prostitución infantil, las cajas negras de la política y se organizan como mafias criminales.

* que violan la leyes que protegen a los trabajadores, que coimean, que adulteran y encarecen los productos de primera necesidad, que se enriquecen en la función pública, y cientos de delitos más.

Esta clase de delincuentes, no son señalados ni victimizados por la “gente decente” que acompaña a los “nuevos licenciados en dolor” (Blumberg y otros) en sus multitudinarias marchas.

Callaron siempre y continúan callando lo fundamental, que quienes produjeron sus propias tragedias son el brazo ejecutor de las mafias generadas por años de impunidad oficial.

No podemos admitir sin franca discusión, que un sector de la sociedad, se sienta habilitado en nombre del dolor, a trabajar en la instalación de un estado terrorista.

Rosario, Septiembre de 2004
Norma Ríos
Secretaria de Prensa y Relaciones Políticas
APDH Delegación Rosario.

 

 

 

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