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Informe de actividades realizadas en la ciudad de Reconquista, Santa Fe.
21 de Mayo de 2008. Por Inés Izaguirre

Compañeros: Quería contarles que los días viernes 16 y sábado 17 de mayo fui invitada – en mi doble carácter de investigadora del Instituto Germani y de miembro directivo de la APDH- por un Grupo de Profesores de Historia del Instituto del Profesorado de la ciudad de Reconquista, para realizar dos actividades específicas: (1) La apertura de una Cátedra Libre de Derechos Humanos, el viernes 17 y (2) Contarles mi investigación sobre “El genocidio en la Argentina” sobre la que estoy finalizando un libro, el sábado 18. La primera actividad era abierta, destinada a los alumnos del profesorado, a los profesores y al público en general. La segunda estaba destinada a los profesores e investigadores del Instituto. Este acaba de cambiar positivamente de directora, que es una persona abierta y activa.

Reconquista es una de las varias ciudades “ricas” de la provincia del norte de Santa Fe, ubicada frente a Goya (Corrientes), en la cuña boscosa del Chaco santafesino, en la zona que en el pasado fue del dominio de La Forestal. Tiene actualmente unos 80.000 habitantes. Acaba de ganar la intendencia un intendente radical, que se impuso por puntos al FPV. El clima “social e ideológico” de la ciudad es como la mayoría de los pueblos del interior bastante cerrado, en estos momentos totalmente favorable al “campo”, muy subordinado a la Iglesia Católica, que es dueña del Canal local y de la radio. Como hago siempre que viajo a algún lugar, llevo mi radio, que me da enseguida un panorama de los temas que “circulan”. Lamentable, por lo reaccionarios y conservadores. Para mejor, oh casualidad, acaban de desconectar la repetidora de Radio Nacional. Por la mañana me invitaron a una audición en la TV, donde más allá de la buena predisposición de la conductora, el productor del programa me filtraba los mensajes telefónicos (cosa que me contó el telefonista) preguntando cosas sobre la “memoria completa”, o el conflicto del “campo”. Creo que salí airosa.

El grupo de profesores que me invitó es un grupo de lujo, que se han ido juntando a partir de ideales comunes, progresistas, desarrollan numerosas actividades y propusieron abrir la cátedra de Derechos Humanos. Fue un éxito absolutamente inesperado. Habían previsto un salón amplio en un club, pero el día anterior tuvieron más de 500 inscriptos, por lo que finalmente tuve que hablar en el Teatro Almirante Brown, que estaba abarrotado de jóvenes, sentados en el suelo y pasillos. También yo –que esperaba un público más académico- cambié sobre la marcha algo de mi exposición, y hacia el final, les presenté algunos cuadros de mi investigación. Centré la conferencia en la historia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, analicé varios artículos, les conté sobre Nüremberg y también sobre el Tribunal Russell, durante la guerra de Vietnam. Y convoqué a los jóvenes –cosa que hago siempre que voy al interior- a transformarse ellos mismos en investigadores de lo que había ocurrido en su ciudad en tiempos de la dictadura, que le preguntaran a sus padres y abuelos y a los vecinos mayores, y que hicieran un breve cuestionario que los profesores les ayudarían a diseñar. Les hice ver que mi investigación sobre el tema se había hecho en buena parte con los relatos y los datos que me llegaron de distintos lugares del país, y no sólo de los datos oficiales. Mi conclusión es que, a pesar de que el “sentido común dominante” es conservador y prejuicioso, hay avidez en los jóvenes por escuchar otras voces, por abrir sus cabezas. Todavía no hay droga ni alcohol, pero si siguen muertos de aburrimiento, va a empezar a haberlos. Todas las actividades siguieron en esa tónica. Se me acercaron militantes de los años 70, emocionados porque “podían hablar”, varios de ellos con lágrimas en los ojos. Le sugerí al grupo que se propongan organizarse como ONG, pedir un subsidio y solicitar una FM, porque tienen muchos jóvenes que podrían ocuparse de sostenerla: sería un foco irradiante en ese lugar. Creo que todavía no tienen fuerza como para organizar una Junta Promotora de la APDH, pero tenemos allí un grupo amigo.

 

 

       


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