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Las relaciones familiares ante la desocupación, su abordaje en grupo

por Equipo de Salud Mental de la APDH


El importante incremento de la desocupación, de la precarización laboral, del ajuste, son productores de efectos en la subjetividad: moldean y remoldean a las personas y sus vínculos.

La desocupación afecta a todos, a los que trabajan, a los que están excluidos del trabajo ,a los subocupados, a los sobre ocupados y a las familias de todos ellos.

Sobre la cotidianeidad de las personas recae el impacto de las violencias sociales como la desocupación. Sobre ella también recaen otras violencias previas inherentes a la sociedad, donde se “naturalizan”, se toman como naturales esos ataques y no se cuestionan (“es la globalización...”). A la violencia padecida al quedar excluido del trabajo se le suma la violencia que implica la culpabilización del desocupado por parte de los estamentos de poder. Acusación que se puede reproducir en el seno de la familia. (Por ejemplo la familia reprocha al desalentado, al que ya no busca trabajo “Es un vago”). Y el mismo desocupado se siente culpable, se autorreprocha. Es lo que llamamos victimización secundaria. Estas violencias recaen en el seno de la familia y presentan muchas veces una repetición de las violencias padecidas fuera de ella y convalidadas desde el entorno social.

El desocupado es desconocido como persona, por ello sobreexige a quienes le rodean para que le compensen esa falta de reconocimiento, generando, conflictos que lo dejan aún más aislado, no sabiendo quién es para el otro social..¿ Y quien es para su familia ahora que está sin trabajo? “Estoy sin trabajo, “Ante mis hijos siento que no soy nadie... que no tengo derecho ni razones para exigirles que se formen, que estudien.” Al sacarle el trabajo, lo despojaron de sus vínculos sociales-laborales, es esta labilidad la que recae en los vínculos de pareja y familia. El vaciado de los distintos lugares que ocupó como trabajador/a hace que emerja una vivencia de vacío, que se liga a ansiedades primitivas de desamparo y abandono que se reactualizan en los vínculos familiares y que es importante detectar clínicamente.


Desocupación y sus efectos en los vínculos de pareja y familia

Exigen y reprochan a sus parejas y/o a sus familias que valoricen su autoestima jaqueada “¡mostrame que valgo!, “¿Soy algo para vos si no tengo trabajo?” Resarcir al otro de su no lugar es una pretensión depositada en los vínculos familiares y de pareja, imposible de cumplir (frustración-reproche-violencia: un circuito posible).

Y desde que quedó sin trabajo ya tiene un lugar en lo social, el lugar estigmatizado del “desocupado”. Al estar amenazado de perderlo teme ocupar ese lugar. Según sus otros apuntalamientos sociales, sus otras pertenencias, podrá correrse del lugar de excluido. Al perder lugar, se puede aferrar exclusivamente a la pareja, a la familia, demandándole sostén, seguridad, valoración... la pareja y la familia son lugar de pertenencia y reconocimiento). En la situación de desocupación, este pedido se duplica y es difícil de satisfacer, con su consecuente circuito de frustración, paralización y/o violencias interno o externo. El familiar que si trabaja también tiene que habérselas con la impotencia y se sobreexige como manera de conjurar ésta, ocupar más lugares de los que puede. La conmocion en la pareja y la familia implica un reacomodamiento de funciones, proyectos e ideales.

La familia tiene que habérselas con distintos modos de enfrentar las crisis evolutivas esperables y además el corte abrupto provocado por la desocupación. Las familias presentan así disritmias intersubjetivas, con modos que pueden ir del mutuo sostén al mutuo enloquecimiento, o de la anulación de uno a expensas del otro. El vínculo se ve afectado.


Pareja, proyecto vital y desocupación.

El proyecto de la vida, el proyecto vital compartido queda así cercenado. El único proyecto seguro es la incertidumbre, la desesperanza.

El trabajo es asimilado como vida, y su pérdida implica diversas formas de muerte. El quedar sin trabajo y la amenaza de quedar sin trabajo, remite a angustia de muerte, psíquica y social. Remite a desamparo. Según el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, desamparo proviene de amparo y éste del latín vulgar antepararse o “prevenir de antemano”. No se puede prevenir, anticiparse, hacer proyectos. El proyecto de la vida, el proyecto vital compartido de la familia queda así cercenado. El único proyecto seguro es la incertidumbre.

A la familia ante la desocupación se le pide un trabajo difícil de realizar: contener las ansiedades primitivas y no sucumbir ante la falta de proyectos: ¿Qué proyectos son posibles entonces? La desocupación los ubica frente a lo catastrófico: a la pérdida de la noción de futuro. Y surge un proyecto “el cómo ir aguantando la caída”.

La inestabilidad económica se va convirtiendo en la problemática central de la familia. Hay una retracción libidinal: “lo único que puedo pensar es cómo conseguir plata...”La familia se ve enfrentada a pensar cuidadosamente la forma de reorganizarse restringiendo su economía, su calidad de vida.

El deterioro económico muchas veces obliga a cambios de vivienda: se van a vivir con sus padres ancianos, con las alteraciones de lugares y funciones en la familia. O los hijos adultos jóvenes no pueden irse a vivir solos.

En las clases medias, los hijos con educación aspiran a irse del país. La falta de perspectiva y otras conflictivas personales y que sería importante detectar, hacen frecuente que la emigración sea vista como la única salida. Los jóvenes ven el fracaso laboral de sus padres (“Mundo Grúa”), no están motivados para estudiar, quieren trabajar y no consiguen trabajo. ,no acceden al primer empleo y sus padres en edad madura son, en la escala laboral, las dos franjas con mayores dificultades de inserción laboral. Entonces las realidades y competencias generacionales y las necesidades de superación se ven alteradas. Esos padres no son vistos como modelo y tambalea el proyecto para padres e hijos


Desocupación e inserción social

Queremos destacar la importancia de la respuesta del entorno social a la desocupación, en el modo en el que el desocupado tramitará esta situación traumática. Cuando pasan a insertarse en acciones transformadoras y ser reconocidos en otros estamentos sociales, su desvalimiento y aislamiento se aminoran al ser contenidos por una estructura social más amplia. Por ello la desocupación nos hace pensar que la socialización es un proceso constante y estructurante del psiquismo a lo largo de toda la vida de las personas. La subjetividad social se construye y deconstruye permanentemente: moldea constantemente nuestros cuerpos, nuestras mentes y muestras relaciones sociales.


Un equipo de psicologos ante la desocupación

Desde 1996 venimos trabajando en la Asamblea Permanenete por los derechos Humanos (APDH) con personas desocupadas o subocupadas. , y familiares .Evaluamos que la desocupación implica violación cotidiana de un derecho humano y el trabajo en grupo con los desocupados y /o familiares tiene como objetivo recuperarnos como sujetos en un reflexionar y compartir que apunte a un quehacer subjetivante.


Es por ello que organizamos los talleres de optimizacion de recursos para desocupados y / o familiares de desocupados.

 

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